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El Padrino

¿Por qué El Padrino es (para muchos) la mejor película de todos los tiempos?

15 de marzo de 1972, Times Square. Las colas para asistir al estreno de la última película de un tal Francis Ford Coppola cubren varias manzanas. Policías a caballo controlan escrupulosamente que no haya problemas y dan órdenes a través del megáfono. En las tiendas cercanas la gente compra café bien caliente en vasos de cartón con tapa; llevan horas allí, desafiando a la tormenta primaveral. Pero el acontecimiento merece la espera. Incluso sin saber –aún- que esa noche de marzo, al traspasar las puertas de la sala, estarán entrando en la historia del cine.

Pero, ¿qué es lo que hizo de El padrino una de las obras más emblemáticas, inmortales y revolucionarias del séptimo arte? ¿Qué es lo que tiene la obra de Puzo/Coppola para seguir fascinando a millones de espectadores cuarenta años después de su estreno? Como nos recuerda el maestro José Luis Garci, El padrino ha dejado de ser únicamente cine para convertirse en mitología. En historia. En América. Y aún más, en patrimonio de la Humanidad. Pues lo que está ahí retratado, entre la primera frase (“Yo creo en América. América ha hecho mi fortuna”) y la última escena (esa puerta que cierra el despacho y la salvación de Michael, el heredero del imperio) no es otra cosa que la historia del hombre mismo. Tal cual. La institución familiar y el crimen, la traición y el amor, la ambición y la lealtad, el honor y el horror, el pecado y la redención; el poder y su precio; el bien y el mal, en suma, luchando a brazo partido dentro y fuera de cada uno.

A priori, sin embargo, el proyecto no parecía partir con ventaja. Hollywood había cosechado sonoros fracasos con películas sobre la cosa nostra. Hasta que llegó la novela de Mario Puzo (21 millones de ejemplares y 67 semanas en la lista de best-sellers del New York Times) y la visión de Coppola, y esas colas interminables en las salas para ver una película de tres horas sobre la Mafia; y el mundo se preguntó: ¿qué demonios ha ocurrido?

La visión italoamericana
En realidad, lo que ocurrió no fue precisamente una casualidad; fue una calculada conjunción de astros que el genio de Francis Ford Coppola unió, moldeó y transformó en una obra maestra. Tal vez la madre de todas las obras maestras. El origen es, por supuesto, la novela de Mario Puzo, que fue el germen de dos guiones sencillamente perfectos (ambos lograron el Oscar) y de una colaboración, la del escritor y el cineasta, tan fructífera como genial. Lo que aportaba Puzo al género de gansters era una perspectiva nueva y crucial: la visión italoamericana. Esta es otra de las claves del éxito del El padrino, Italia. La Paramount lo intuía, y por eso buscó un director con sangre italiana; una decisión que aportó realismo y credibilidad. El padrino habla por primera vez de familias, no de bandas; sus personajes no son italianos sólo de nombre, sino también de cara, de gesto, de ritual, de alma; están inspirados en Frank Costello y Vito Genovese, en las Cinco Familias de Nueva York, y sus acciones y costumbres están extraídas directamente de la mafiología real. El padrino no es una novela/película sobre la Mafia, es su fiel retrato.

Crucial fue también la revolucionaria fotografía de Gordon Willis, que aportó esa atmósfera de permanente penumbra. Después de la luminosidad del cine de los cincuenta, Coppola apostó por esa semioscuridad ocre y pastosa que difumina la escena lo mismo que las conciencias de sus personajes. Y la maravillosa partitura de Nino Rota rompió también los moldes del género, siguiendo indicaciones muy precisas del propio Coppola: un vals que vuelve y vuelve sobre sí mismo, melodías lentas y armoniosas, melancólicas como una marcha fúnebre; y mucha nostalgia italiana. Una banda sonora sencillamente magistral, y una de las más exitosas y recordadas de la historia del cine.

No es personal, son los negocios
De astros en estado de gracia está también plagado el reparto. El fanático empeño de Coppola por rescatar al acabado Marlon Brando no pudo ser más acertado. El actor prácticamente creó a su personaje, desde la apariencia (introduciendo algodones en las mandíbulas para parecer un bulldog) a la voz terrosa y pausada, pasando por los ademanes suaves y alguna que otra genial improvisación. También Al Pacino, por el que nadie apostaba debido a su timidez y baja estatura, y que acalló todas las bocas desde sus primeras escenas (y acabó apropiándose de la saga). Sin olvidar a James Caan, Robert Duvall, Diane Keaton, Talia Shire y todo el elenco de geniales secundarios, especialmente los italianos, que parecían recién importados de Sicilia.

Finalmente, la memoria. Cuántas películas pueden presumir de contar en su metraje tal cantidad de escenas memorables y frases eternas, que forman parte imborrable de la cultura popular: la entrevista de Bonassera con don Vito, la misma boda en la casa del Padrino, la cabeza equina en la cama de Woltz, el bautismo de sangre –ajena- de Michael en el restaurante Louis’s (“Pide la ternera. Es estupenda”), o la muerte de don Vito, una de las más poéticas y delicadas de la historia del Cine. Y cuántas veces no habrá salido de nuestros labios ese “te haré una oferta que no podrás rechazar” o “no es personal, son los negocios” o “ten cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos”.

Y todo envuelto en un papel de falso celofán llamado Familia, La Famiglia (“Un hombre que no convive con su familia jamás será un auténtico hombre”), un entramado de lealtades, honores y códigos tan fascinantes como espeluznantes (desde luego, nunca estuvo tan acertado el término ‘lazos de sangre’). Una gran tela de araña para cazar y proteger, y de la que es imposible salir. Pero en la que muchos de nosotros hemos deseado, en algún rincón –oscuro- de nuestra alma, quedar atrapados. Porque, en el fondo, siempre nos hemos sentido identificados con esos personajes tan contradictorios, tan perturbadores, tan dolorosamente humanos.

La leyenda negra y otras curiosidades

  • La leyenda negra cuenta que el actor Frank Sinatra obtuvo su papel en la película De aquí a la eternidad por influencia de sus amigos de la mafia, hecho que inspiró a Puzo para crear el personaje de Johnny Fontane.
  • Robert de Niro llegó a realizar las pruebas para el papel de Sonny Corleone, que finalmente interpretó James Caan.
  • Muchos de los actores que completaban el reparto eran tan auténticos que incluso habían tenido relación con la Mafia.
  • Puzo y Coppola eliminaron deliberadamente toda referencia a la palabra “mafia”, se cree que como condición de los propios interesados.
  • El presupuesto inicial de El padrino ascendía a un millón de dólares, y acabó costando seis veces más.
  • La película recibió nueve nominaciones para los Oscars de los que ganó tres (película, guión adaptado y actor principal).